Pau Llop en la charla-coloquio en la UMHCon el crecimiento de Internet y las distintas ideas que resurgen en él la información navega por lugares o mejor dicho, por medios que nunca nos hubiéramos imaginado. Y gracias a este tipo de medios el internauta se encuentra más informado y crece la necesidad de comunicar también aquello que ha vivido, o que le ha resultado interesante o sorprendente. A esto es lo que se llama periodismo ciudadano temido por los expertos en los medios de comunicación, los periodistas. Pero Pau Llop, periodista, trajo una visión distinta de este periodismo a la Universidad Miguel Hernández, y esta visión es Bottup. A través de este medio el ciudadano manda sus noticias complementadas con vídeo o imágenes que pasan a ser leídas por los periodistas que trabajan en dicho medio después son corregidas (siempre informando de su corrección al autor de la noticia), contrastadas y finalmente publicadas. Bottup pretende hacer un nuevo periodismo, aquél en el que el ciudadano y el periodista interactúen por una misma razón, informar.

Y es que ésta nueva alternativa resulta más atractiva que hasta la que hace poco conocíamos: el ciudadano hace periodismo y los periodistas pierden trabajo. Bottup es el claro ejemplo de que ambas cosas se pueden compaginar perfectamente.

Pau hablaba de la neutralidad de la red, es decir, todas las páginas que hay en Internet tienen o debería tener la misma facilidad de acceso a sus contenidos, así no existiría un privilegio a la hora de querer obtener algún tipo de información. También se habló de las empresas periodísticas que podría acabar privatizando todo tipo de información, siendo el pago por este contenido la forma de acceder a ella.

Aunque hay que nombrar que a día de hoy Internet es una gran amenaza para el cuarto poder ya que miles de contenidos e informaciones navegan por la red diariamente. Cualquiera puede informar y ser informado. Aún así a pesar de los peligros que tiene Internet también es una gran oportunidad para nuevos medios que gracias a la red lanzan sus proyectos, como pueden ser cuarto poder, fronterad, periodismociudadano.com o el mismo Bottup.

Con esta nueva visión de un periodismo ciudadano, hecho por ciudadanos y “maquetado” por periodista, todavía hay esperanza para la profesión.

Redes sociales (Twitter, Facebook, Tuenti…), blogs (blogspot, wordpress…), wikis (wikipedia…), son un claro ejemplo de la Web 2.0, término acuñado por Tim O’Reilly en 2004. Y es que a día de hoy, somos chicos de Web 2.0. Quién trabaje con Internet lo sabe, y conoce, es más habrá pasado horas navegando por estos servidores.

Y es que Internet es una caja de sorpresas que no deja de ofrecer diferentes servicios a todos los usuarios que diariamente navegan por la red. Cada vez se quiere más, y cada vez recibimos y enviamos mucha más información.

La Web 2.0 es el medio perfecto para que los usuarios se relacionen entre sí adquiriendo nuevos conocimientos ya sea a través del conocimiento de nuevos blogs, fotografías o vídeos. Hace algunos años nadie se imaginaba este boom y ahora no podemos vivir sin él.

El estudio realizado por Ruth Rodríguez-Martínez, Lluís Codina y Rafael Pedraza-Jiménez en su artículo Cibermedios y web 2.0: modelo de análisis y resultados de aplicación, refleja la importante plasmación de los medios de comunicación en la red, sobre todo en prensa escrita. Y es que la gran mayoría de diarios han optado por volcar sus contenidos en la red. Este estudio analiza diversos medios españoles como El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia, El Periódico de Cataluña, y extranjeros, como The Guardian, The New York Times y Le Monde. En el análisis se compara la edición digital con su edición en papel llegando a la conclusión que los medios españoles no adaptan en su totalidad su medio impreso a la red a falta de hiperenlances, vídeos e imágenes, RSS

El estudio explica que es importante la adaptabilidad necesaria que Internet necesita. No hay que olvidar que la red es un medio gratuito por el cual miles de personas navegan diariamente y prima todo tipo de información. Cuanto más facilitemos esta información mucho mejor. Al usuario hay que servirle los contenidos en bandeja de plata, cuanto más fácil se la muestre el medio más lo visitará y más confiará en él, respetando siempre los principales criterios periodísticos (fiabilidad, veracidad, contraste de las fuentes, etc.).

Por esto, los medios de comunicación han adaptado su lenguaje al lenguaje web de manera más concisa, precisa y dinámica, puesto que sería absurdo volcar el mismo lenguaje impreso al de la web ya que éste necesita de otro tipo de medios.

No hay que olvidar que el usuario busca inmediatez, fiabilidad y la constante actualización. Así pues es el medio quién no tiene que olvidar estos factores para garantizar la confianza de sus usuarios.

“El periodismo es un negocio y los directivos de empresas periodísticas tienen responsabilidades empresariales que consisten en ajustarse a los presupuestos y atraer nuevos clientes”. De esa manera podríamos definir el último capítulo que trataremos sobre “Los elementos del periodismo” de Bill Kovach y Tom Rosenstiel, titulado “Para quién trabaja el periodista”.

Esta intromisión del empresario en el mundo de la información distorsiona el trabajo del periodista. ¿Quién decide cómo publicar la noticia? Aquí el empresario toma una importante relevancia pues mira por su negocio y él sabe qué manda y qué no sobre el público, que interesará y por lo tanto el mayor beneficio que el medio obtendrá. El periodismo está en peligro. Se ha dejado llevar por el sensacionalismo que poco a poco está olvidando la verdadera labor de la profesión: informar sobre el mundo. Y el mundo ha de ser real y veraz, olvidando los burdos juicios de valor.

La opinión pública no se queda al margen y cada vez es más consciente del tipo de periodismo que se trata hoy día; lo banal prima sobre lo realmente informativo. A ojos de éste público es el periodista el que “tiene la culpa”, pero lo que no saben es que existe una intromisión en la labor periodística, el dinero.

Por esta razón en este último capítulo se tratan cinco principios que todo aquel que trabaje en el sector informativo del periodismo debería respetar:

  1. El propietario/la empresa debe comprometerse en primer lugar con el ciudadano
  2. Contratar directivos que también pongan al ciudadano en primer lugar
  3. Establecer y declarar conceptos básicos claros
  4. Los periodistas tienen la última palabra sobre las noticias
  5. Comunicar al lector criterios claros

Compromiso. Esa es la actitud que todo periodista tiene que tener con su profesión y con la información que recibe diariamente. Partimos de un hecho noticiable real y veraz y de ahí nos las ingeniamos para realizar una estructura narrativa que atraiga al lector. Como ya comentamos en la entrada anterior, la utilización de las 5W es fundamental en el tratado de la información. No basta con publicar un hecho, si no que hay que saber cómo hacerlo y sobre todo de manera que sea atractivo a ojos de la opinión pública.

En un mundo donde la información se manifiesta de cualquier forma y en cualquier momento, la inmediatez es fundamental, por este motivo el periodista debe estar preparado para el análisis de cualquier tipo de información y trabajarla lo mejor posible. La inmediatez es un factor primordial así como el entretenimiento. En el VIII Capítulo de “Los elementos del periodismo” de Bill Kovach y Tom Rosenstiel lo que se pretende es mostrar el equilibrio entre entretenimiento e información. A la hora de entretener con diversa información no debemos caer en el sensacionalismo periodístico, entretener es sinónimo del buen gusto, y el buen gusto va ligado con la necesidad de mostrar una información atractiva.

En este capítulo se desarrollan algunas ideas innovadoras para el atractivo de la información. Entre ellas destaca “The Hour Glass”, es decir, se comienza con una noticia y después continua con una narración dándole mayor dramatismo y énfasis a la información.

La intención del periodista es que el ciudadano entienda el mundo. Y para que éste entienda el mundo el periodista debe ser diligente con su profesión y entusiasmarse con la información que tiene entre manos.

La curiosidad es algo innato en las personas. Queremos enterarnos de lo que nos rodea, buscar la esencia de lo ocurrido, buscar el cómo y el por qué, y si ya de paso completamos las 5W mucho mejor (cómo, por qué, quién, qué y dónde). Somos así. Dicen que la curiosidad mató al gato, pero somos humanos y siempre tropezamos sobre la misma piedra, una y otra vez.

Si opinamos sobre aquello que vemos, bien, y si los medios de comunicación nos dan un lugar para hacerlo, todavía mejor. Estamos acostumbrados a opinar de todo lo que vemos en televisión, escuchamos por radio y leemos en prensa. Cada uno se forma su propia opinión y siente la necesidad de compartirla con los demás. A veces esto nos ayuda a enriquecernos con los distintos puntos de vista que podamos tener.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos espacios reservados para las tertulias, entrevistas y foros de opinión, son creados para el entretenimiento de todo aquel que lo esté viendo. Un claro ejemplo de ello es La Noria, programa presentado por Jordi González. Dónde dedica uno de sus espacios a una tertulia sobre un determinado tema (nunca de investigación, claro, vamos a lo fácil) en el cual cada uno pueda opinar libremente. Siempre existen dos bandos: a favor y en contra. Blanco o negro. Pero no estemos equivocados, siempre puede haber grises, posiciones que mantengan la opinión del blanco y que respeten de cierto modo la del negro. Pero las posibles discusiones que haya es lo que llama, es lo que manda, es lo que les hará subir de audiencia.

Nos quejamos de que el periodismo se está abandonando, pero en cierto modo somos nosotros quienes tenemos la culpa por permitir que este tipo de “foros” se creen. Una vez más gana el entretenimiento, lo banal. ¿Dónde están los programas que tras una noticia de investigación se opine? Ganan por goleada las noticias fáciles, las que cualquiera puede opinar, las que vemos día a día. ¿Es necesario llevar a una chica que opine a favor y otra en contra del aborto? ¿Es necesario que nos cuenten su vida?

De esto se trata el tercer capítulo de Los Elementos del Periodismo, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel. El foro público como nuevo instrumento de comunicación. Internet también se une, podríamos decir que es el foro público más grande actualmente. Todo tipo de noticias, investigaciones, personas viajan de un lado a otro del mundo. Cualquiera puede opinar de cualquier cosa, con o sin fundamento.

Aboguemos por aquellos periodistas que se pasan horas y horas delante de un ordenador, de un libro, en la calle… realizando un verdadero periodismo, y no por aquellos pseudoperiodistas que alardean de ello y solo se dedican a dar cuatro gritos delante de una cámara y tras ellos el aplauso de un público al que le da igual todo.

“Hay que esforzarse por observar todo lo que nos rodea, en todas direcciones”, comentaba Bob Woodward periodista que junto a Carl Berstein desató el famoso Caso Watergate.

El VI capítulo de Los Elementos del Periodismo, Vigilar al poder y dar voz al que no la tiene nos habla del periodismo de investigación (a su vez nueva categoría que sustituyó al Reportaje Local, en los premios Putlizer).

Y es que gracias a Woodward y Berstein el periodismo de investigación ha adquirido fama y atractivo y ha conseguido redefinir la imagen de la profesión periodística. El Philadelphia Bulletin recibió en 1964 el Pulitzer por desvelar que los agentes de policía de Filadelfia estaban implicados en la organización de una lotería clandestina. Por casos como este, somos el cuarto poder. Tenemos el poder de desmontar hasta el mismo Gobierno si la documentación y filtración de la información es correcta. Somos capaces de realizar las entrevistas necesarias para obtener una buena información, y con ello un buena investigación. Tenemos el don de la veracidad.

En este capítulo se recogen tres modalidades en las que podríamos dividir la práctica del periodismo de investigación:

  • Periodismo de Investigación Original: Deben ser los propios reporteros los que busquen, investiguen y documenten la noticia que anteriormente los lectores o espectadores desconocen. Ejemplo: Los reportajes de Jerry Thompson, periodista del Nashwille Tennessean, que en 1980 documentó la verdadera naturaleza del Ku Klux Klan.
  • Periodismo de Investigación Interpretativo: Es distinto al anterior desde un punto de vista interpretativo. Es el resultado de una cuidadosa reflexión y análisis de una idea y de una meticulosa búsqueda e datos que dan pie a un contexto informativo nuevo y más completo capaz de ofrecer al ciudadano una mejor comprensión de los hechos.
  • Información sobre investigaciones que ya están en curso: El reportaje parte de un descubrimiento o de una filtración referentes a una investigación oficial que otros, normalmente organismos gubernamentales, ya han comenzado o están preparando.
  • La función fiscalizadora del periodismo de investigación: Compromete al lector, le anima a emitir un juicio sobre el asunto que denuncia , y da por supuesto que el medio informativo que publica tal denuncia la considera importante, merecedora de un esfuerzo especial.

Algunas de las recomendaciones que podemos leer por parte de algunos periodistas como Loretta Tofani, Michael Hiltzik… son:

  • Hablar cara a cara con las fuentes y pasar el mayor tiempo posible con ellas.
  • Conseguir los documentos. De esta manera estaremos mejor documentados, en caso de cualquier problema podremos exponer dichos datos.
  • Mantener largas conversaciones con las fuentes e indicarles nuestros propósitos en la investigación (de qué manera trabajamos, etc.)

Si el cuarto poder no hace uso de sus propias armas no hay nada que hacer.

El IV Capítulo de “Los elementos del Periodismo” de los periodistas Bill Kovach y Tom Rosenstiel, Periodismo de verificación alude a la necesidad del periodista de verificar sus fuentes, la información que más tarde decenas de personas leerán. Para ello es necesario que cada periodista posea su propia y particular disciplina de verificación.

Durante cinco años, los pseudo-periodistas (en los que me incluyo) aprendemos que hay que contar la verdad de aquello que queremos contar, que no basta con tener la información de una fuente determinada que nos afirma lo que ha ocurrido, sino que hay que contrastarla. Hay que verificarla. Si no queremos engañarnos a nosotros mismos no lo hagamos a aquellos que nos leen. Somos intérpretes de la realidad.

¿Cómo puedes declarar que tu deseo es que se sepa la verdad si para empezar no eres sincero con tus lectores? Debemos contar al público qué fuentes hemos utilizado, si nos ha resultado o no fácil la tarea de conseguirlas, si son parciales, hasta que punto conocen los hechos de primera mano… Es lo que se llama Regla de Transparencia que facilitará la unión entre el periodista y sus lectores.

Además, este libro nos muestra una serie de técnicas de verificación que muchos periodistas estadounidenses llevan a cabo:

  • Edición escéptica: Valorar una noticia frase por frase, declaración por declaración, editando tanto las afirmaciones interpretativas como los hechos.
  • Test de veracidad: Los redactores deben responderse a una serie de preguntas a la hora de trabajar sobre una determinada noticia.
  • No dar nada por sentado: La obra de David Protess
  • El lápiz rojo de Tom French: Antes de entregar sus trabajos, French, coge una copia impresa y repasa su historia frase por frase con un lápiz de color ojo, poniendo una marca en cada dato y declaración para comprobar si los ha verificad todos.
  • Fuentes anónimas: Si la fuente de la información es escrita en todos sus detalles, el lector podrá decidir por sí mismo si esa información es creíble o no.

Dejemos de lado las informaciones sin fundamento, las anónimas, las fuentes no fiables… dejemos de lado la comodidad y salgamos ahí fuera a verificar que lo que nos están proporcionando es verdadero. No abandonemos el periodismo de verificación.

¿Qué hacer cuando se tiene gran información entre manos? Jeffrey Wigand se enfrentó a este dilema.

Vicepresidente de investigación y desarrollo de la empresa tabacalera Brown & Williamson Tobacco Corporation fue contratado por la misma para investigar un medio más seguro de suministrar nicotina y reducir el daño de otros compuestos del tabaco. Estas investigaciones lo llevaron a encontrar sustancias tóxicas como el amoniaco que ayudaba a la adicción por la nicotina. Los altos mandatarios de la empresa tabacalera ignoraron a Wigand y lo obligaron a firmar un contrato de confidencialidad por el cual el químico no podía contar lo que estaba ocurriendo. Existía un gran remordimiento de conciencia del cual Wigand no podía deshacerse, y a pensar de las enormes presiones y amenazas que sufrió por parte de la empresa contactó con Lowell Bergman, productor en aquel entonces del famoso programa de análisis e información periodística 60 minutos de la CBS, dispuesto a contarle toda la verdad.

Tras algunas entrevistas con Wigand, Bergman se dio cuenta del caso tan delicado que tenía entre manos y de la importancia que una noticia así suponía. Una vez realizado el reportaje, la cadena CBS se negó a emitirlo en su totalidad por temer a posibles represalias por parte de la industria tabacalera y ver quebrantada su fusión con Westinghouse. En lugar de la entrevista entera con Wigand, se emitió una entrevista manipulada donde no contaba nada relevante con lo que realmente estaba pasando.

Dispuesto a mantener en todo momento la confidencialidad de la fuente y la amistad con ésta, Bergman luchó contra la propia empresa periodística CBS, renunciando así tras 14 años de existo frente al programa 60 minutos. Tiempo después la información fue filtrada en los estados de Mississippi y Kentucky y fue publicada por el Wall Strett Journal. La CBS se vio obligada a emitir el reportaje en su totalidad lo que provocó la demanda médica de 46 estados contra la industria tabacalera.

En 1999, Michael Mann lleva a la pantalla El Dilema, película interpretada por Russell Crowe (Jeffrey Wigand) y Al Pacino (Lowell Bergman), que contó con varias nominaciones a los óscars entre ellas a mejor actor por la interpretación de Crowe.

Nos encontramos ante un gran caso de protección y confidencialidad de las fuentes. Cómo un periodista no debe guiarse por lo que las empresas periodísticas dicen, si no por lo que es éticamente correcto. Lowell Bergman lo hizo. Todos deberían hacerlo.

Podemos escribir historias sin contrastar las fuentes, inventárnoslas, tergiversar los hechos, manipular entrevistas… qué los lectores se las creerán. Si aparece en el periódico debe ser verdad, ¿Por qué no iba a serlo? El periodista está para comunicar algo, para dar a conocer al mundo una serie de hechos acaecidos y ¿por qué iba a mentir?

Muchos se preguntaron esto cuando descubrieron que 27 de las 41 historias del periodista Stephen Glass contenían material infundado. La historia del periodista de la revista The New Republic no es más que la muestra del mal periodismo.

Nadie se iba a imaginar que el joven redactor a través de su soltura e ingenio en sus artículos iba a engañar a los miles de lectores de The New Republic. Redactor de plantilla para la prestigiosa revista de actualidad y política THR y articulista por cuenta propia para Rolling Stone, Harper’s y George, Glass prometía.

Todo comenzó con algunas cartas recibidas en las oficinas de THR, dónde se acusaba a Glass de tergiversar e inventar hechos, como por ejemplo en su artículo “Spring Breakdown”, historia en la que se describían borracheras e inmoralidades en la Conferencia de Acción Política Conservadora de 1997. Pero fue en 1998 cuando en su artículo “Hack Heaven” contaba la historia de un hacker de 15 años que había sido contratado por una gran compañía para trabajar como consultor de seguridad. Los hechos contados en primera persona incluían a Glass en la historia como si él mismo la hubiera vivido.

Pero Adam Penenberg reportero de Forbes.com ya andaba con la mosca detrás de la oreja, y desenmascaró a Glass. Realizó un auténtico periodismo de investigación con la ayuda del director de la revista, Charles Lane. Indagó en las supuestas fuentes que Glass había utilizado pero el joven periodista insistía en que la historia era real y sus fuentes verídicas. Con la ayuda de Rolling Stone, George y Harper’s que revisaron el trabajo de Glass llegaron a la conclusión de que la mayoría de sus historias habían sido infundadas al no tener fuentes donde contrastarlas ya que Glass las mantenía en el anonimato.

La película de Billy Ray, El precio de la verdad (Statterd Glass), cuenta la historia de este periodismo de investigación e imaginación en el que se vio envuelto el prometedor periodista.

Aún así, después de haber sido despedido por Charles Lane de THC, tiempo después apareció en el noticiero 60 minutos de la CBS presentando su novela biográfica, “El Fabulador” en la cual se lamentaba del daño que había causado inventando esas historias.

¿Por qué iba a mentir? Mentir es más fácil que decir la verdad. Pero, el buen periodista debe olvidarse de que puede mentir y centrarse en lo veraz, en lo que realmente importa. La labor del periodista es informar.

Trailer de Startted Glass

Si el periodismo es considerado como el cuarto poder es gracias a casos como el Watergate. En la madrugada del 17 de junio de 1971, cinco hombres fueron detenidos mientras trataban de instalar equipos de espionaje en la sede del Partido Demócrata. Eran tiempos de elecciones, y Nixon se la jugaba.

Bob Woodward, no era más que un simple teniente en la Marina estadounidense con vocación de periodista que junto a Carl Bernstein desenmascararon uno de los casos más sonados hasta la fecha. El periódico Washington Post fue en este caso el narrador de la historia, al mando de Ben Bradlee que durante dos semanas le dio la oportunidad a Woodward de trabajar como reportero, una vez finalizado el periodo de prueba éste se fue al Montgomery Sentinel.

Cabe analizar la utilización de las fuentes. La amistad con “garganta profunda” fue primordial para la resolución de esta conspiración. Las estratagemas utilizadas por Mark Felt, número dos del FBI, eran dignas de una película de espionaje, el saber estar y el conservar las fuentes fue digno de grandes periodistas, Woodward y Bernstein lo fueron. “Lo importante era si podíamos contrastar la información y si resultaba cierta” contaba Woodward. Con Felt al otro lado, guiándoles hacia la dirección correcta los jóvenes periodistas del Washington Post supieron indagar en el caso consiguiendo entrevistas y nuevas pistas que desvelarían el secreto.

Todo buen periodista debe saber guardar y conservar las fuentes y ante todo contrastarlas, es algo que se aprende el primer año de carrera, o que por ende se sabe desde que lees por primera vez un artículo. La identidad de “Garganta Profunda” fue uno de los misterios periodísticos más intrigantes de todos los tiempos. Juraron guardar el secreto de quién estaba detrás de esas pistas hasta que “Garganta Profunda” muriera, pero Felt tras 33 años de silencio le puso cara a este seudónimo a través de la revista Vanity Fair. El 31 de mayo de 2005, los periodistas del Washington Post confirmaron estas declaraciones, quedando “resuelto” uno de los casos más señalados y estudiados hasta la fecha.

Documental emitido el 3 de agosto de 1974 titulado ‘USA ante su coyuntura presidencial’

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